Común
Podríamos empezar por gestionar la herencia compartida que todos hemos recibido, el patrimonio de lo común, que es a la vez presencia física y sentimientos, ideas, hábitos e historia casi inaprehensibles.
Empezando por lo que tenemos a mano, la cercanía sin prejuicios formales o programáticos, podemos permitir que el lugar imponga tanto la forma como el programa.